Este mes de la mujer resulta especialmente simbólico y propicio para despedirme, a través de esta editorial, de mi cargo de Directora Ejecutiva de Rimisp. Han sido cinco años y medio comprometida con una institución cuya contribución al desarrollo territorial nos enorgullece a todos quienes formamos parte de la familia rimispiana, tanto como colaboradores directos, como en la amplia red de socios y aliados con quienes trabajamos a lo largo y ancho de América Latina.

Durante estos años liderando Rimisp, he procurado recoger las enormes fortalezas de una trayectoria forjada por notables investigadores e investigadoras que me antecedieron, y combinarla con la apertura a nuevos temas y formas de trabajo que buscamos respondan a los desafíos y prioridades de una América Latina cambiante.

Así es como hemos incorporado a una nueva generación de investigadores, mujeres y hombres jóvenes, comprometida con los procesos de transformación de las sociedades rurales, poniendo al centro la voz de quienes habitan en comunidades y territorios rurales. Hemos sumado también a nuevos socios al trabajo de investigación aplicada e incidencia territorial, de modo tal de recoger sus experiencias y asegurar que nuestro trabajo sea pertinente y cercano a los actores territoriales.

Nuestra agenda de investigación e incidencia pone, hoy día, un fuerte énfasis en la incorporación de jóvenes y mujeres a las dinámicas de desarrollo territorial. Queremos contribuir a revertir la lamentable situación de doble o triple exclusión que viven muchas, jóvenes, indígenas y mujeres que viven en territorios rezagados de América Latina, como lo muestran las historias de este boletín, respecto de estas últimas.

Prioriza también el análisis de conflictos territoriales, que impiden a muchas comunidades realizar sus proyectos de vida, y las mantienen en oposición con gobiernos y empresas privadas. Confiamos en la capacidad del diálogo para avanzar en la construcción de confianzas y tender puentes entre actores que enfrentan severas dificultades para sentarse a una mesa común, a debatir estrategias y puntos de vista que pueden contribuir al desarrollo de los territorios.

Por último, pero no por eso menos importante, en los últimos años hemos retomado con fuerza la agenda de investigación sobre sistemas agroalimentarios sostenibles, que hoy enfrenta una serie de desafíos derivados principalmente del cambio climático, pero también del fuerte impacto que está teniendo la pandemia del COVID-19 sobre la seguridad alimentaria y la agricultura familiar.

No quisiera terminar sin agradecer a quienes han confiado en nosotros, haciendo posible el despliegue de esta agenda de trabajo. Me refiero a la Fundación Ford, al International Development Research Center (IDRC-Canadá), al Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), la Sociedad Alemana de Cooperación Internacional (GIZ), la Unión Europea, entre otras agencias internacionales de desarrollo y gobiernos de la región.

Ahora retomo mi agenda de investigación, con la convicción y la esperanza de que los procesos que hemos emprendido durante estos años seguirán dando frutos y contribuirán a hacer de América Latina un lugar más justo y próspero para todos sus habitantes, independientemente del lugar donde vivan.

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