Editorial

Ignacia Fernández

En nuestra trayectoria de investigación e incidencia sobre desarrollo territorial rural, Rimisp y sus socios constatamos una distancia creciente entre las opciones y propuestas de desarrollo que muchas veces promueven los gobiernos y otros agentes a escala regional y nacional, y la valoración que las propias comunidades realizan de estas opciones. Postulamos, en consecuencia, que un proyecto de desarrollo territorial que no parta por reconocer estas distintas visiones en torno al bienestar, muchas veces en disputa, carecerá del potencial transformador que se requiere para asegurar la inclusión de los sectores más postergados y convertirse en una alternativa legítima para los actores del territorio.

Postulamos también, fruto de nuestra experiencia de trabajo apoyando procesos de diálogo de políticas a distintas escalas, que el diálogo es la mejor herramienta con que contamos para promover procesos de desarrollo inclusivos, que no signifiquen la imposición de una visión sobre otra y que permitan la legítima expresión de diferencias en la búsqueda de acuerdos para la convivencia y el bienestar.

Estos dos postulados conforman la base sobre la que se construye el programa Territorios en Diálogo. Inclusión y Bienestar Rural, una iniciativa de Rimisp , Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, posible gracias a la colaboración del International Development Research Center (IDRC-Canadá) y la Fundación Ford, que cuenta con la comprometida participación de organizaciones socias en México, El Salvador, Colombia, Perú, Chile y, prontamente, Guatemala.

Transcurrido poco más de un año y medio desde el comienzo de esta iniciativa, hoy estamos doblemente convencidos de la pertinencia de abordar las problemáticas de los territorios rurales desde la opción por el diálogo y la comprensión subjetiva de las distintas visiones sobre el bienestar que conviven en cada territorio.

América Latina atraviesa tiempos convulsionados. La pandemia del Covid – 19 ha afectado fuertemente la situación sanitaria, pero también las fuentes de ingreso, los medios de vida tradicionales, los modos de convivencia al interior de los hogares, la salud mental de miles de millones de hombres y mujeres obligadas a reestructurar sus vidas a causa de la pandemia. Estas dificultades se superponen a otras anteriores, dando origen a crisis políticas y de legitimidad democrática, que sitúan los problemas de gobernanza a nivel nacional, pero también local y comunitario, en el centro de los desafíos urgentes de abordar, para conducir alternativas de salida a la compleja crisis que enfrentamos.

Quienes hacemos parte de Territorios en Diálogo estamos convencidos de que la agenda de investigación que promueve el programa puede contribuir a comprender las causas profundas del malestar de modo de acortar la distancia entre comunidades y decisores de políticas y, sobre todo, a resignificar estas causas ante las nuevas circunstancias que impone la pandemia.

Confiamos, también, en que la agenda de diálogo e incidencia del programa tiene un potencial importante para contribuir en la búsqueda de soluciones a algunos problemas críticos del desarrollo rural como son: el creciente abandono de las zonas rurales de parte de la población joven, con el consecuente impacto que ello conlleva para la sostenibilidad de la actividad agrícola; y la presencia persistente de conflictos por el uso y acceso a recursos naturales que en muchas ocasiones, enfrentan a comunidades locales, gobiernos y empresas privadas impidiendo la continuidad y expresión de distintos proyectos de vida, amenazando la sostenibilidad de territorios fuertemente afectados por el cambio climático y resultando, en los casos más álgidos, en complejas escaladas de violencia.

A lo largo de este año y medio hemos trabajado con muchos y muchas jóvenes de diez territorios de América Latina, promoviendo sus capacidades y su liderazgo para involucrarse en procesos de diálogo; hemos apoyado la conformación de coaliciones y alianzas entre actores locales para el desarrollo territorial; y hemos comenzado a identificar como distintos actores, de distinto género y edad, en distintos contextos territoriales, construyen sus propias visiones y relatos sobre el bienestar, los que están fuertemente influidos por las nuevas dinámicas familiares, laborales y comunitarias que impone la pandemia.

Esperamos, a través de estos esfuerzos, contribuir a generar dinámicas de desarrollo territorial más inclusivas en América Latina, partiendo del reconocimiento y la valoración de lo que los propios actores territoriales perciben como su bienestar, pero tendiendo puentes entre estas valoraciones y las propuestas de políticas públicas a escala territorial y nacional, así como con la investigación académica, para una mejor comprensión del modo en que distintos contextos territoriales afectan las oportunidades de desarrollo de quienes habitan e las zonas rurales de América Latina.

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