Una consecuencia de la pandemia del COVID-19, que poco se ha analizado, es la aceleración en la implementación de las herramientas digitales para continuar con los procesos productivos en los territorios.

La comunicación digital, desde llamadas y video conferencias para temas educativos y laborales hasta la inclusión e implementación de eCommerce, se ha ido integrando en la cotidianidad, generando nuevos desafíos en su uso, pero también acentuado las brechas digitales que marcan las desigualdades sociales y económicas en millones de personas en América Latina. El término de “‘brecha digital”, que de acuerdo a Norris (2001), describe las desigualdades en el acceso a las TIC, ha venido cobrando relevancia en el contexto del a pandemia. Estas disparidades abarcan aquellas que se dan entre los países desarrollados y aquellos en desarrollo, como las que surgen al interior de grupos sociales en los países, entre hombres y mujeres o entre los grupos más ricos y los que están en condición de pobreza.  La brecha digital de género se refiere a la diferencia en el uso y acceso a las TICS entre mujeres y hombres, pero incluye también la desigualdad en cuanto a la creación y publicación de contenidos, la participación y la presencia en la red.

Según datos del informe sobre perspectivas económicas de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) 2020, más de 40 millones de hogares en la región se encuentran sin conectividad e internet. Situándonos en este contexto, las mujeres, especialmente las que habitan en territorios rurales, se ven afectadas de manera desproporcionada, al enfrentar una triple brecha: digital, de género y urbano-rural, lo cual les produce múltiples desventajas y profundiza su exclusión.

La menor conectividad de la mujer rural tiene un fuerte impacto en la realidad económica, social, sanitaria y comunitaria de los territorios rurales, porque el acceso a las tecnologías de la información y la comunicación es una de las herramientas centrales para potenciar el desarrollo personal, colectivo y productivo.

En particular, las mujeres con un bajo nivel educativo que viven en áreas rurales constituyen el grupo menos “conectado” al mundo digital, lo cual exacerba sus desventajas, pero a la vez constituye una oportunidad en materia de política pública para revertir esta situación.

Al respecto Magdalena Benítez, directora ejecutiva de la Asociación de Desarrollo Económico Local de Morazán (ADEL Morazán) en El Salvador, en su participación en el podcast “Ellas: Mujeres con Poder en Territorios Dinámicos”:  señala que con el tema de la pandemia se han acrecentado las barreras para el desarrollo empresarial territorial. Las mujeres con las que trabajan no cuentan con acceso a internet, ni a teléfonos inteligentes, aunque que tengan la mejor voluntad de utilizar las plataformas digitales. Lo anterior, pone de manifiesto la necesidad de capacitación para el uso de las tecnologías. “Lo que estamos generando desde ADEL Morazán es que puedan existir ciertas condiciones para que ellas puedan acceder, se capaciten y puedan implementarlo. El grave problema, es que no existen políticas o estrategias correctas en los territorios, se quedan en lo nacional y no cuentan con la cobertura e integralidad de servicios que se requieren para esta transformación”, asegura.

De manera que no basta poner todos los servicios empresariales de manera virtual; se requiere también la capacitación de las mujeres para el uso de las tecnologías y la infraestructura de telecomunicaciones para llevar estos servicios hasta los territorios rurales más remotos. Por otro lado, la expansión de los teléfonos celulares en América Latina ha sido amplia, ya que para muchas personas proveen más que una forma fácil de comunicarse y obtener información. Una conexión a internet constituye también una herramienta de acceso a servicios esenciales, vinculados a la educación, la salud o al desarrollo económico.

Por su parte, Ada Méndez Narvaéz, coordinadora regional del Programa Empresarialidad Femenina del Centro Regional de Promoción de la Mipyme (Cenpromype), una de las instancias del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) explicó:  “Aún se desconoce el impacto de la pandemia en las micro, pequeñas y medianas empresas en las economías de los países del istmo. Sin embargo, desde Cenpromype se brindó acceso a las mujeres emprendedoras a tecnologías de información, plataformas de intercambio comercial y acceso a capacitaciones virtuales, promoviendo la autonomía económica de las mujeres desde el desarrollo de sus emprendimientos.

 México ante la Brecha Digital

En México, las brechas de género, acceso, consumo y apropiación de la tecnología prevalecían antes de la pandemia y en esta crisis se han ido recrudeciendo.  La Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías de la Información (ENDUTIH) de 2019, muestra que solo el 44% de los hogares mexicanos tienen una computadora. Además, tan solo el 56% hace uso de internet y cuenta con un acceso que se utiliza de manera continua.

Asimismo, se registra una acentuada brecha en el acceso y uso de TIC en los territorios urbanos y rurales:  los usuarios de Internet se concentran en áreas urbanas (77%) más que en las rurales (48%). Respecto de la distribución de usuarios de telefonía celular, la encuesta estima que para 2019, el porcentaje de usuarios de esta tecnología en el área urbana era del 80%, mientras que, en el área rural, el porcentaje de usuarios de esta tecnología era de 59%.

En medio de la virtualidad acelerada por la pandemia, se suma un rezago educativo más marcado en el seno de las comunidades rurales, en donde las clases en línea o a través de la televisión significa un esfuerzo mayor para las familias, sobre todo teniendo en cuanta que la deserción escolar es mayor en aquellas en donde la cantidad de hijos es numerosa.

En este sentido, Abel Fragoso, miembro del Colectivo Encino en Puebla, México, señala: “la pandemia nos ha develado muchas cosas y también nos ha enseñado otras tantas; ha explicitado la desigualdad creciente en aspectos que antes no relacionábamos o teníamos presente.  Por ejemplo, de alguna forma habíamos asumido que entre la juventud y el mundo digital había una conexión cercana; sin embargo, ahora nos damos cuenta, en las charlas e interacciones con los jóvenes en las localidades rurales, que tienen desventajas ante esta transición acelerada y forzada al uso de lo virtual como medio de comunicación, para acceder y continuar sus procesos educativos. Sea por dificultades de conectividad (señal) o por equipos no adecuados. Se sienten desconectados, no tomados en cuenta. Desgraciadamente, se convierte en otro factor más para que los jóvenes no vean futuro en sus localidades y busquen emigrar.”

Si bien esta brecha ahonda las desigualdades en los territorios rurales y en especial con estos grupos -los jóvenes- comúnmente no tomados en cuenta, también se puede transformar en oportunidades, al verse develada esta situación. Reconocer y dimensionar el problema a la par de escuchar las voces de estos jóvenes llenos de propuestas, podremos contribuir a reducir la brecha.

Guatemala y el reto de la trasformación digital

La situación de Guatemala no dista mucho de la de México. Entre los hallazgos del estudio “Conectividad Rural en América Latina y el Caribe. Un puente al desarrollo sostenible en tiempos de pandemia”, se encuentra que la población rural de Latinoamérica y el Caribe enfrenta una profunda brecha digital. El estudio señala que Guatemala se encuentra entre los nueve países con con menor conectividad rural y el Censo Nacional de Población y VII de Vivienda 2018, no muestran una mejoría.

Los datos del último censo revelan que en Guatemala el 62% de la población censada de siete años en adelante utiliza un teléfono móvil, lo que significa un total de 7.75 millones de personas. Sin embargo, el acceso a una computadora es de un 21% y de Internet 29%; este último se ha facilitado gracias al uso extensivo de telefonía celular. La gente que utiliza este dispositivo e Internet representan un 28%, de acuerdo con los datos del Censo.

Por ejemplo, en el departamento de Guatemala, que es el que tiene mayor cobertura, el 80% de hombres respondió que usa celular, el 47%, computadora y el 57% Internet, mientras que el 78% de mujeres usa celular, el 42%, computadora y 52% Internet. Mientras tanto, Alta Verapaz, un departamento altamente rural, es el que cuenta con menor cobertura. Allí el 50% de hombres usa celular, contra solo un 32% de mujeres. Lo anterior demuestra cómo las brechas de género son más grandes en los territorios rurales, y se exacerban aún más para los pueblos indígenas, cuyo uso del celular es del 21% entre los pueblos mayas, versus un 39% entre la población no indígena.

Un futuro incierto

 Los gobiernos latinoamericanos se enfrentan al reto de aumentar la conectividad a internet en las zonas rurales y urbanas para reducir la brecha digital, lo cual será clave no solo para el desarrollo económico sino también para el ámbito educativo.

Abordar el tema de las brechas digitales es una oportunidad para mejorar el acceso de las mujeres rurales a este recurso y promover su empoderamiento económico y político. Se ha hecho evidente que algunas dinámicas, incipientes o generalizadas, en respuesta al confinamiento social y las medidas de sana distancia, no desaparecerán cuando el coronavirus deje de amenazar la salud de millones de personas alrededor del mundo, sino que pasarán a formar parte permanente de la cotidianidad. Por ello, hay por delante una ardua labor de investigación, reflexión, planificación y desarrollo de políticas públicas para incrementar el acceso a internet, equipo de computación y alfabetización digital de los sectores más excluidos de la población.

 

Ingresa tu correo electrónico para recibir nuestros newsletter.

Noticias similares