Benjamín Portillo Muñoz, joven que participa del programa Territorios en Diálogo. Inclusión y Bienestar Rural en México, nos presenta en su relato “Chiquihuiteros: noble labor al borde del olvido” la historia del último hombre que se dedica a esta ancestral tarea.

“Don Fausto es un adulto mayor originario de la comunidad de Vista Hermosa de Lázaro Cárdenas (Petoloya), pueblo que se ubica en la zona alta de Ixtacamaxtitlán, en la Sierra Norte de Puebla. A pesar de sus más de 80 años el sale a ofrecer sus productos a poblados vecinos, recorre hasta 10 km a pie con tal de ganar algunos pesos por sus artesanías.

Desde muy joven es chiquihuitero,fervorosamente trabaja la palma para realizar productos como chiquihuites (cestos), petacas para semillas, escobetas y aventadores. Elaborar cada utensilio le lleva varios días, pasando por un complejo proceso de manufactura, desde buscar la materia prima y tejer la palma, hasta salir a vender sus artículos.

Pese a su avanzada edad se le puede ver a Don Fausto acompañado por su nieto recorriendo las difusas veredas de Zacatepec, donde camina de casa en casa ofreciendo sus productos. En un hogar logra vender un par de cestos en $2 USD ($40 pesos mexicanos), demora días para elaborar uno de estos chiquihuites que difícilmente logra vender o intercambiar por algunos kilos de maíz.

Lamentablemente el uso de chiquehuites ha disminuido en los últimos años, en la antigüedad era un utensilio de cocina importantísimo para cualquier hogar, en estos cestos las mujeres guardaban las tortillas que elaboraban, ayudándoles a conservarlas frescas.

Don Fausto es el último chiquihuitero de la región de Ixtacamaxtitlán, todos sus demás compañeros de oficio han muerto y los jóvenes no se interesan por aprender a trabajar la palma, una noble labor poco reconocida.”

Benjamín Portillo Muñoz
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