La vulnerabilidad y el empobrecimiento de las mujeres, tanto en las áreas urbanas como rurales, debido a los efectos de la pandemia y las medidas adoptadas para frenar los contagios, es uno de los principales hallazgos en el contexto del proyecto Siembra Desarrollo.

 El 69% de los hogares con jefatura femenina ha sufrido la reducción de sus ingresos, como una consecuencial del Covid-19, de acuerdo con la Encuesta sobre Seguridad Alimentaria y Alimentación, realizada en el marco del proyecto Siembra Desarrollo. Pequeña agricultura y alimentación resilientes al COVID-19, en los cantones de Daule, Santa Lucía y Palestina, (provincia del Guayas) y los cantones de Ventanas y Mocache (provincia de Los Ríos), ubicados en la costa ecuatoriana.

El proyecto, financiado por el International Development Research Centre Canadá (IDRC), se enfoca en los sistemas agroalimentarios de México, Guatemala, Colombia, Ecuador y Chile, para comprender cómo el coronavirus ha afectado a la agricultura familiar y la seguridad alimentaria en los territorios urbano-rurales de América Latina y poder avanzar hacia sistemas agroalimentarios más sostenibles, inclusivos y resilientes.

La mencionada encuesta se realizó entre el 2 de diciembre de 2020 y el 16 de enero de 2021, con una muestra de 1.475 hogares, de forma telefónica. Para la definición de los territorios donde fue aplicada, se identificaron como rurales aquellos territorios cuya población rural es mayor al 36% y como urbanos a los territorios en los que la población urbana corresponde al 36%.

La vulnerabilidad y el empobrecimiento de las mujeres, tanto en las áreas urbanas como rurales, debido a los efectos de la pandemia y las medidas adoptadas para frenar los contagios, es uno de los principales hallazgos. La investigadora de Rimisp, María José Castillo, explica que se  encontró, “una mayor proporción de jefas de hogar entre los quintiles más pobres, tanto en el área urbana como en la rural y más afectados por la pandemia, ya que tuvieron mayor pérdida de ingresos en Guayas y mayor inseguridad alimentaria de moderada a severa en ambas provincias y áreas”.

De igual manera, las mujeres estarán probablemente en mayor proporción entre los miembros del hogar que perdieron sus fuentes de ingresos debido a la pandemia, en especial por el cuidado de niños menores de 5 años. Los hogares con niños de esta edad cuyos perceptores perdieron sus ingresos alcanza el 37%, mientras que los hogares con miembros mayores a 5 años, es del 32%.

Regresando al 69% de hogares con jefatura femenina que han perdido sus ingresos en medio de la crisis sanitaria, es importante anotar que en la ruralidad la reducción de entradas de dinero en los hogares con mujeres como cabeza de hogar, se ubicó en el 72% mientras que, en las zonas urbanas, es del 67%. Datos que contrastan con este mismo indicador en los hogares con jefaturas masculinas, cuya pérdida afecta al 62% en áreas urbanas y al 71%, en el campo.

“En general, los menores ingresos llevaron a más de la mitad de los hogares de la muestra, un 54%, a estar preocupados por no tener suficientes alimentos y a un 11% a tener por lo menos un miembro que no comió durante todo un día”, señala la investigadora doctora en economía agrícola.

Se registra una mayor inseguridad alimentaria moderada a severa entre hogares con jefatura femenina, con un porcentaje del 38%, frente al 28% de los hogares con jefatura masculina.

Un resultado interesante que ha dejado la Encuesta sobre Seguridad Alimentaria y Alimentación, está relacionado con la toma de decisiones respecto al gasto para la compra de alimentos en la unidad familiar. En los datos globales se establece que el 68% de las mujeres participa en la toma de decisiones sobre la compra de alimentos. Al diferenciar por territorios, tenemos que, en la ruralidad este porcentaje alcanza el 69%, y en zonas urbanas, el 68%.

En ese sentido, Janeth Torres, coordinadora general del Proyecto Fortalecimiento de Actores Rurales de la Economía Popular y Solidaria (Fareps), impulsado por el Instituto Nacional de Economía Popular y Solidaria (IEPS), manifiesta que, “es básico mejorar el fortalecimiento de capacidades de mujeres en producción orgánica y seguridad alimentaria, ya que es ella la que decide qué comprar y consumir en los hogares”.

Ney Barrionuevo, director de Rimisp en Ecuador, contrasta estos datos, desde la paradoja que evidencia que la mujer “tiene un peso fundamental en el sector agropecuario, tanto en la producción como en las decisiones de consumo, pero al mismo tiempo existe una mayor vulnerabilidad en los hogares donde las mujeres son jefas de hogar”.

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