Nuestra oficina en este país asesoró técnicamente al Ministerio de Educación en la estructuración de la política pública que revaloriza esta oferta formativa, con énfasis en el medio rural; y en el diseño del Sello del Bachillerato Técnico (Sello BT), que reconoce a los actores privados y públicos que se articulen y apoyen a los colegios técnicos agropecuarios.

De acuerdo con el V Informe Latinoamericano sobre Pobreza y Desigualdad 2019 del Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, presentado en mayo del año pasado, las tasas de matrícula en educación secundaria evidencian que la cobertura total en el nivel de enseñanza secundaria, están mucho más lejos de alcanzarse en prácticamente los siete países de América Latina, analizados en este documento. En el contexto regional, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia se sitúan en un punto intermedio con promedios de tasas de matrícula que oscilan entre el 66% en Ecuador y el 86% en Bolivia.

Situación que parece agravarse en el territorio ecuatoriano, como lo demuestra el Observatorio Nacional de los ODS en Ecuador, en su Panorama Sostenible Anual, que establece que el cuarto Objetivo de Desarrollo Sostenible, referente a una educación de calidad, determina una reducción del 5,5% del Presupuesto para la Educación en 2019, en relación con 2018. Actualmente en el país, los años de escolaridad promedio son 10,15, lo que incide directamente en las oportunidades de obtención de un empleo formal y especialmente, en  las oportunidades con las que cuentan los jóvenes rurales para conseguir medios de sustento dignos y que tiendan a mejorar su calidad de vida.

 A esta situación debemos añadir que el planteamiento con el que se estaba aplicando la educación en la ruralidad ecuatoriana, en vez de contribuir a que los jóvenes permanezcan en el campo, se había convertido en un factor que los hacía migrar hacia las ciudades. Entre los principales aportes del Proyecto Jóvenes Rurales y Territorios: una estrategia de diálogo de políticas, financiado por el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), se encuentran los diagnósticos sobre la realidad de la educación en el medio rural, las soluciones y procesos que se concretaron para lograr estos cambios.

Las conclusiones a las que se llegaron abrieron un camino para el conocimiento, la reflexión y las propuestas de un cambio urgente, en consonancia con el desarrollo del medio rural. El Estudio Bases para una Propuesta de Reforma de la Educación Rural, presentado en el Grupo de Diálogo Rural de Ecuador (GDR-Ecuador) del consultor Mauricio Peña reveló las condiciones en las que se habían desenvuelto las actividades educativas en la ruralidad hasta 2017.

Este documento demostró una dramática desvalorización de lo rural; el investigador señala que los padres “no quieren que sus hijos sufran lo que ellos sufrieron y por eso insisten en que sus hijos vayan a la ciudad, a estudiar allá”.  Esta crisis, “no de forma, sino de sentido, en la educación rural ecuatoriana”, se caracteriza porque está diseñada desde parámetros sociocéntricos, al no considerar la diversidad de la ruralidad; urbanocéntrica, ya que transmite valores urbanos y etnocéntricos, al auspiciar un estilo de vida homogéneo, que no considera las particularidades del agro.

Estas debilidades no solo han afectado a la calidad del proceso educativo, ya que apenas el 31% de los bachilleres técnicos obtienen un cupo de ingreso a la Universidad, según las estadísticas proporcionadas por el Ministerio de Educación del Ecuador (Mineduc).

El director de la oficina de Rimisp en Ecuador, Ney Barrionuevo, amplía este panorama y señala que esta investigación determinó que existía un desfase entre la oferta de la educación técnica rural respecto a las demandas del desarrollo tanto a nivel de los territorios rurales, como en general del sector agropecuario en el país. “Tal desfase se evidenciaba en contenidos, con mallas curriculares que no daban cuenta de las innovaciones tecnológicas del agro ni de la diversificación de las actividades en la ruralidad. También en la obsolescencia de los equipos e infraestructuras educativas, pero sobre todo en metodologías excesivamente teóricas, que no han utilizado a los territorios rurales como laboratorios de aprendizaje, así como un escaso contacto con los actores locales, tanto de los gobiernos descentralizados como con las empresas privadas que operan en los territorios rurales”.

En ese contexto la presencia de la Subsecretaría de Educación Especializada e Inclusiva y la Dirección Nacional de Bachillerato, en el  GDR-Ecuador, permitió que la versión original borrador de la Estrategia Nacional de Educación Técnica elaborada por el Mineduc fuera presentada al interior del Grupo.

Paulina Cadena, directora nacional de Bachillerato, explica que “si bien la oferta de educación técnica de nivel medio existe en el país desde hace muchos años, actualmente el Bachillerato Técnico adquiere relevancia por el requerimiento de perfiles técnicos, derivado de la estrategia nacional para el cambio de la matriz productiva, los sectores priorizados y las agendas zonales de desarrollo”.

El desarrollo de las competencias que requieren los jóvenes para sumarse al empleo proviene de la vinculación práctica, que cumplen en empresas privadas e instituciones públicas. Además de la capacitación, que estos actores brindan a los docentes del Bachillerato Técnico. Y en este componente se refleja nuevamente el papel de Rimisp, con uno de los logros más importantes del GDR-Ecuador, al asesorar técnicamente en el diseño del mecanismo de reconocimiento a las empresas privadas y públicas que se articulen y apoyen a los colegios técnicos agropecuarios.

Esta herramienta se ha denominado Sello del Bachillerato Técnico (Sello BT), “el papel de Rimisp fue clave para la estructuración de esta política pública, desde sus objetivos, modalidades, hasta el logo del sello”, indica Ney Barrionuevo.

Recientemente se realizó el lanzamiento del Sello BT. En este espacio se realizó una reflexión sobre el impacto del fortalecimiento de la educación técnica en el país. La ministra de Educación, Monserrat Creamer, señaló que esta oferta se enfoca en las necesidades de los jóvenes, fortalece sus proyectos de vida, con herramientas que permitan la continuidad de estudios o la incorporación al mundo laboral con vinculación al sector social y productivo.

“El Mineduc ha desarrollado la Estrategia de Fortalecimiento de la Educación Técnica 2030, con el objetivo de mejorar la calidad, la pertinencia de la oferta formativa del Bachillerato Técnico y así transformar a la educación técnica de nivel medio en un factor coadyuvante para la reducción de la pobreza, la redistribución de la riqueza, el incremento en la productividad, la atracción de inversiones y el desarrollo sostenible del país”, destacó la Secretaria de Estado.

Al ser elevada a política pública priorizada esta oferta formativa aspira a revalorizar la educación técnica en el país. Como una opción dentro del Bachillerato General Unificado, permite que los estudiantes, además de tomar asignaturas del tronco común, puedan optar por una formación técnica en la figura profesional de su preferencia. “El Bachillerato Técnico es una elección válida que brinda a aquellos estudiantes que desean o necesitan, la oportunidad de incorporarse tempranamente al mundo laboral. Sin embargo, los egresados de este bachillerato también están preparados para continuar sus estudios de nivel superior”, manifiesta Paulina Cadena.

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