Danae Mlynarz, directora de la oficina Chile de Rimisp – Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, presentó los avances del proyecto “Siembra desarrollo. Pequeña agricultura y alimentación resilientes al COVID-19” en la sesión del Grupo de Estudios de Política Alimentaria (GEPA) del CEDER de la Universidad de Los Lagos.

En el marco de la pandemia por Covid-19, Rimisp busca contribuir al desarrollo de la agricultura familiar de pequeña y mediana escala como una oportunidad clave para promover sistemas agroalimentarios sostenibles, inclusivos y sensibles a las consideraciones de género, así como reducir los impactos de la pandemia en la seguridad alimentaria de la población rural y urbana más vulnerable, con especial atención a las mujeres. El proyecto se implementa en México, Guatemala, Colombia, Ecuador y Chile. En este último país, la investigación se ha desarrollado en La Araucanía y en la isla de Chiloé, región de Los Lagos.

Danae Mlynarz explicó que en Chilelo que nosotros pudimos ver es que la irrupción del Covid-19 fue un motor biofísico que ha inducido una dinámica de cambios en el sistema alimentario. La irrupción generó en un primer momento medidas de reducción de la actividad y el movimiento; esto tuvo impacto en las cadenas de valor y en el entorno alimentario, que fueron generando distintas respuestas tanto públicas como privadas”.

Precisó que esto dio como resultado “la inseguridad alimentaria y el empeoramiento de las dietas (…) tenemos un mayor impacto e inseguridad alimentaria entre los hogares liderados por mujeres. Hoy día nos encontramos con otro tipo de problemas, que tienen que ver con el encarecimiento de los fertilizantes”.

Respecto a los resultados del segundo año del proyecto, afirmó que hay “dificultades para la comercialización, dificultades para la producción y, por tanto, desde estos dos ámbitos, una sensación de incertidumbre e inseguridad para la agricultura familiar que se encuentra bajo una creciente presión y un riesgo de exclusión para poder avanzar en esa situación. Todo esto con el tema del cambio climático como telón de fondo y sobre todo la crisis hídrica”.

Junto con ello, aseguró que los principales factores de resiliencia y vulnerabilidad que se desprenden del proyecto sonel tema de la producción agroecológica como un escudo frente al incremento del precio de los insumos; las cooperativas y asociaciones como mitigadores imperfectos de riesgos y choques; y aquellos con acceso y capacidades digitales también han podido aprovechar los espacios y oportunidades que se han abierto; y también el tema de los fenómenos medioambientales, la volatilidad de los precios y el incremento en precio de insumo de fertilizantes e inseguridad”.

Por último, remarcó que “entonces aquí podemos observar un contexto de crisis alimentaria, influida por el Covid-19 pero también tiene relación con los efectos de la guerra en Ucrania; hoy día existen una serie de variables que explican una inminente crisis alimentaria en América Latina: la inflación de los alimentos; el aumento del costo de los insumos y la alta dependencia de estos; y una recuperación incompleta en base a lo que ha sido el Covid-19”.

VIDEO: Vea el resumen de la sesión de GEPA

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