PRONÓSTICO CLIMÁTICO ESTACIONAL: ¿QUIÉN PUEDE USARLO Y CÓMO DEBERÍA SER DIFUNDIDO?

Roger Blench1

Número 47, noviembre de 1999


Los últimos avances técnicos en la elaboración de pronósticos climáticos estacionales, relacionados particularmente con el fenómeno de El Niño - Oscilación del Sur, han despertado un gran interés en los posibles usuarios, como los agricultores de gran escala, las empresas de servicio público, la industria de los seguros y la banca. Los organismos multilaterales, como el Banco Mundial, insisten en que los pronósticos deben estar disponibles para los agricultores de pequeña escala, a fin de aumentar la seguridad alimentaria. En las estrategias de preparación para los desastres se ha comenzado a tomar en cuenta estos pronósticos y existe un gran interés en asignarles un valor económico. Sin embargo, los estudios en terreno sobre el impacto de pronósticos recientes en el sur de África sugieren que existe una brecha importante entre la información que necesitan los pequeños agricultores y la información proporcionada por los servicios meteorológicos. Este artículo sugiere cómo se puede enriquecer los perfiles de los usuarios de manera que los meteorólogos generen un resultado que sea útil para los agricultores.


CONCLUSIONES DE POLÍTICAS
  • Aunque los avances en la elaboración de pronósticos climáticos estacionales demuestran que existe un manifiesto interés por parte de los organismos comerciales y las agencias dedicadas a la preparación para los desastres, su valor actual para los agricultores de pequeña escala no resulta tan claro.
  • Los gobiernos y los organismos meteorológicos aún no han desarrollado métodos efectivos para comunicar pronósticos probabilísticos a través de canales convencionales como los servicios de extensión. La simplificación requerida puede ser más confusa que útil.
  • Los pronósticos climáticos deben integrarse con otros aspectos de infraestructura y suministro de insumos. Por ejemplo, actualmente es poco probable que una predicción de sequía se relacione con una mayor disponibilidad de las semillas apropiadas para el caso.
  • La mayor confiabilidad de los pronósticos, junto con la comercialización acelerada de las agencias meteorológicas, los estimulará a sobrevender su producto, especialmente en aquellas regiones del mundo en que la señal es mucho más débil que el fenómeno El Niño - Oscilación del Sur, como en África occidental. Por lo tanto, se debe tener precaución al invertir en este tipo de resultados.
  • Los organismos utilizarán cada vez con mayor frecuencia los canales múltiples, como la televisión satelital e Internet, para prescindir de la intervención de los gobiernos nacionales. Esto será fundamental para desarrollar la capacidad de filtrar, resumir y volver a difundir la información de manera más fidedigna.

 

Antecedentes

Los últimos avances técnicos han aumentado considerablemente los datos disponibles para el pronóstico climático estacional y los pronósticos reales. En 1997 y 1998, el fenómeno de El Niño - Oscilación del Sur (ENOS) [El Niño Southern Oscillation, ENSO] captó la atención de los medios de comunicación de todo el mundo, a veces en forma equivocada. Sin embargo, esto sirvió para centrar la atención en el tema del pronóstico climático estacional en general, lo cual ha sido retomado por organismos multilaterales como el Banco Mundial, por empresas privadas como las compañías de seguros y por los gobiernos nacionales. En las regiones del mundo en que predomina la agricultura de secano y donde la mayoría de las empresas agrícolas pueden clasificarse como de subsistencia, el conocimiento previo de la extensión y distribución de las precipitaciones tiene, potencialmente, una importancia especial para la seguridad alimentaria y los programas de reducción de la pobreza. En el sur de África, el noreste de Brasil y las islas del sudeste asiático, donde el ENOS presenta una señal particularmente fuerte, existe un gran potencial para integrar estos pronósticos con la estrategia agrícola general.

Las técnicas mejoradas hacen posible presentar a la comunidad agrícola de las regiones semiáridas de África pronósticos climáticos con tres o seis meses de anticipación. Desde la década de 1980 ha existido un notable aumento en la capacidad de modelar los sistemas climáticos del planeta y cada año se perfeccionan más los Modelos de Circulación General (MCG) (por ejemplo, Delecluse et al., 1998). Los resultados de estos modelos no son determinísticos, sino que generalmente se presentan como una gama de probabilidades (Cuadro 1).

Cuadro 1. Formato estándar para presentar datos sobre precipitaciones

Se ha creado un formato estándar para presentar la probabilidad de tipos de precipitación en una región determinada. Los porcentajes de probabilidad se asignan a terciles y generalmente se presentan de la siguiente manera:

  • Sobre lo normal 50
  • Normal 30
  • Bajo lo normal 30

Esto indica que la probabilidad de que se produzcan precipitaciones sobre lo normal es de un 50%, las precipitaciones a nivel promedio tienen una probabilidad del 30% y así sucesivamente. El "Foro de información" mensual del Servicio Meteorológico de Sudáfrica [South African Weather Bureau] es un ejemplo característico de este tipo de presentación.

La utilización de este formato para los pronósticos estacionales es fomentada por los Foros de Perspectivas Regionales (FPR) [Regional Outlook Fora, ROF], que se iniciaron en 1996 para la región del sur de África (vea NOAA/USDC, 1999). En la actualidad, éstos se han extendido para cubrir las regiones tropicales de América, el Caribe, el sur y sudeste de Asia y la región occidental de África. Además, los FPR se han extendido constantemente para incluir a una gama más amplia de usuarios. Los resultados de los FPR se trazan en mapas nacionales o regionales y luego se distribuyen a los servicios meteorológicos nacionales.

Si fuera posible predecir los fenómenos climáticos de manera que el sector agrícola pudiera responder efectivamente a ellos, potencialmente tendría un impacto considerable en la seguridad alimentaria a nivel mundial. Los agricultores estarían mejor preparados para enfrentar las anomalías climáticas y, por ende, serían menos vulnerables. Los organismos multilaterales como el Banco Mundial están fomentando la disponibilidad de estos pronósticos para los pequeños agricultores, especialmente para los que habitan en regiones semiáridas. Las estrategias de preparación para los desastres, tanto de los gobiernos como de las organizaciones no gubernamentales (ONG), han comenzado a tomar en cuenta estos pronósticos y existe un gran interés en asignarles un valor económico. Sin embargo, los estudios en terreno sobre el impacto de pronósticos recientes en el sur de África indican que existe una brecha importante entre la información que necesitan los pequeños agricultores y la información proporcionada por los servicios meteorológicos. Este artículo sugiere que existen problemas técnicos para transformar el resultado de los MCG en pronósticos estacionales y, además, una incapacidad para identificar las necesidades de los usuarios. Los agricultores africanos siempre han tenido sus propias estrategias para afrontar las incertidumbres con respecto al clima; por esa razón, en este artículo se cuestiona si dichas estrategias se pueden combinar con las funciones predictivas o si ambas respuestas se excluyen mutuamente.


Transformación de los resultados de los MCG

Básicamente existen tres tipos de pronósticos:

Los pronósticos del tiempo se basan en una medición análoga y dependen cada vez más de las imágenes satelitales. En estas imágenes se pueden detectar los fenómenos climáticos y predecir su posible comportamiento con varios días de anticipación. Si bien hasta estos pronósticos a veces se equivocan, su exactitud está en constante aumento (vea www.atmos.washington.edu/tpop/pop.htm).

Anteriormente, los fenómenos climáticos en lugares específicos del mundo se trataban en forma diferenciada y por lo tanto eran analizados regionalmente, pero desde la década de 1980 ha existido un notable aumento en la capacidad de modelar los sistemas climáticos del planeta. Esto refleja una mayor comprensión de los mecanismos de las corrientes oceánicas y también una utilización de los recursos computacionales. Además, la instalación de dispositivos para medir la temperatura superficial del mar (TSM) en el Pacífico proporciona datos más inmediatos acerca de los movimientos de las masas de agua (vea www.pmel.noaa.gov/toga-tao/realtime.html). Los pronósticos climáticos estacionales combinan las mediciones análogas y la elaboración de modelos. Al utilizar modelos de las interacciones de los sistemas climáticos mundiales se puede proyectar su comportamiento futuro hasta un periodo de seis meses. El ENOS es un buen ejemplo de esto: la medición de la TSM en el Pacífico nos permite modelar la evolución probable del ENOS con cierto detalle, lo que conduce al desarrollo de un pronóstico estacional (vea www.cpc.ncep.noaa.gov/products/analysis_monitoring/ensostuff/). Sin embargo, los diversos sistemas producen señales bastante distintas. Las oscilaciones como la Oscilación del Atlántico Norte (OAN) [North Atlantic Oscillation, NAO], que ejerce la mayor influencia en África occidental (Hurrell y van Loon, 1997), y la Oscilación Decadal del Pacífico (ODP) [Pacific Decadal Oscillation, PDO], tienen señales más débiles que el ENOS y nunca podrán originar predicciones tan precisas.

Durante los últimos 30 años, los pronósticos a largo plazo han provocado gastos y esfuerzos científicos considerables. Éstos dependen esencialmente del análisis de las tendencias de los datos climáticos anteriores, asociados con modelos de la interacción océano/atmósfera. De este modo se proyectan las tendencias actuales (por ejemplo, el calentamiento mundial continuará) o se detectan ciclos (como en el ciclo de 14 años que se propone para el sur de África). Lamentablemente, si el clima es un sistema caótico, podría comprobarse que este tipo de predicción resulta imposible: aún no existe una prueba clara de su validez.

Los agricultores en la teoría y en la práctica

Los pronósticos estacionales, por atractivos que parezcan, presentan importantes problemas teóricos relacionados con la capacidad de comprobar las predicciones. Si se supone que en un año determinado se produce uno de los tres resultados (Cuadro 1), entonces no existe resultado que pueda invalidar la predicción. Al año siguiente se anuncia una predicción probabilística análoga, pero diferente; una vez más, no existe ningún resultado real que pueda invalidar la predicción.

No obstante, durante un periodo un agricultor debe mantenerse informado, en el supuesto de que las lluvias se distribuyeran según el patrón del pronóstico y que el agricultor siempre sigue una estrategia que asume que las predicciones son correctas. Sin embargo, tal agricultor no existe y ningún productor razonable, ni siquiera en teoría, arriesgaría todos sus recursos en una sola estrategia, sin importar la supuesta calidad del pronóstico. Los agricultores enfrentan problemas reales en cuanto al mantenimiento de la infraestructura, la continuidad de la mano de obra calificada y el flujo de fondos. La forma de responder ante el clima se opone al riesgo y suele implicar la búsqueda de una diversidad de opciones, en lugar de concentrarse en un pronóstico que sea "la mejor apuesta".

Los aspectos técnicos de la elaboración de modelos climáticos están en un nivel mucho más avanzado que los mecanismos para aplicar los resultados en la práctica. Las agencias extraen datos, los trazan en atractivos mapas y aseguran que tienen enormes beneficios económicos potenciales. Muchas agencias tienen secciones comerciales, lo cual aumenta la presión por promover sus modelos. Sin embargo, aún se presta escasa atención a los detalles relativos a integrar los modelos climáticos y pronósticos estacionales con las estrategias agrícolas nacionales y locales, mientras que los vínculos con los procesos de toma de decisiones característicos de los agricultores de regiones semiáridas apenas han comenzado.

Pronósticos de mediano plazo en las regiones semiáridas de África

Los pronósticos climáticos estacionales tienen una mayor importancia para los agricultores, ganaderos, profesionales de la salud, economistas y compañías de seguros. En las regiones que dependen principalmente de la agricultura de secano, el conocimiento previo del patrón probable de precipitaciones podría implicar mejoramientos importantes en la seguridad alimentaria y, además, beneficios para los productores de gran escala.

La exactitud de los pronósticos depende de la medición efectiva de las variables predictivas conocidas, la calidad del modelo y la interpretación local. En 1997 y 1998, los indicadores mostraban que se estaba desarrollando el fenómeno de El Niño, lo que tendría como consecuencia aguas más cálidas en la costa de Chile y sequía en el noreste de Brasil, el sur de África y Melanesia. En todo el sur de África se prepararon para la sequía, por lo que se originó un gran escepticismo cuando la esperada sequía no se materializó. Asimismo, las predicciones de enero a marzo de 1999, adaptadas por la reunión de SARCOF en diciembre de 1998, indicaban precipitaciones sobre el promedio en el sur de África, pero las precipitaciones observadas fueron inferiores al promedio. Estas fallas técnicas han tenido el efecto de imponer mayor humildad a los meteorólogos y poner en duda la utilidad de la difusión generalizada del material de pronósticos.

Al igual que los terremotos, con los que comparte varias características estructurales, el clima no se puede anticipar fácilmente. Los costos humanos y económicos producidos por predicciones erróneas pueden ser considerables. Incluso las predicciones de los modelos más confiables aún constituyen una probabilidad y eso sigue siendo su mayor flaqueza. ¿Un pronóstico probabilístico puede transmitirse realmente en un formato útil para los agricultores? ¿Qué cálculos realizan ya los agricultores? ¿Las estrategias tradicionales pueden combinarse con el conocimiento externo para disminuir el riesgo en la agricultura?

Etnometeorología y respuestas ante el riesgo

Los pronósticos también compiten con los sistemas de conocimiento tradicionales. En diversos lugares del mundo, los agricultores que dependen de los cultivos de secano han desarrollado complejos modelos culturales del clima y son capaces de mencionar variables predictivas del clima estacional (Pepin, 1996). En ocasiones, esto ha llevado a que los investigadores den una importancia que no le corresponde a este tipo de conocimiento, cuando, en la realidad, los propios agricultores parecen confiar en forma limitada en estas variables predictivas; de ahí deriva la evolución de complejas estrategias opuestas al riesgo en la agricultura de secano en todo el mundo. Sin embargo, comprender la forma en que las diferentes culturas perciben y clasifican el tiempo y el clima es esencial para el proceso de darle mayor utilidad a la información meteorológica.

No obstante, las estrategias opuestas al riesgo en los sistemas de producción de las regiones semiáridas plantean un problema para la adaptación de la información entregada por los pronósticos. Por esta razón, a los agricultores de bajos ingresos les interesa una gama más amplia de características de las precipitaciones, en especial el nivel total de precipitaciones, su distribución, intensidad y fecha de inicio. Los períodos secos prolongados disminuirán la productividad, independientemente de la precipitación total. Asimismo, las precipitaciones superiores a una intensidad determinada pueden causar inundaciones o dañar la cosecha. En cualquier caso, el impacto de los períodos secos o de las precipitaciones de gran intensidad dependerá de la topografía y el tipo de suelo locales.

Los modelos climáticos pueden hacer predicciones probabilísticas acerca de las precipitaciones totales, pero pueden decir poco respecto a variables clave como la distribución y la intensidad. Las estrategias de los agricultores no sólo dependen de los patrones de precipitaciones esperadas y las características del suelo y su inclinación, sino también de la disponibilidad y el costo de la mano de obra, las semillas, los plaguicidas y otros insumos, además de la probabilidad de obtener ayuda para mitigar la hambruna si siguen una estrategia inadecuada. Paradójicamente, la ayuda alimentaria puede fomentar que los agricultores tomen mayores riesgos con respecto al clima, dado que si tienen éxito obtendrán grandes ganancias y si fallan, el estado se encargará de arreglar las cosas. Este es un problema típico en algunas regiones del sur de África, donde aún funcionan mecanismos para obtener la seguridad alimentaria en las áreas rurales y el maíz sigue teniendo un precio alto.

Las respuestas para tal espectro de riesgos varían según el país, las comunidades y los individuos, pero históricamente los agricultores han dispersado los riesgos al controlar la diversidad. Se plantaba una mezcla de variedades y especies, cuya composición exacta reflejaba la fecha de las primeras lluvias y el período en que éstas se establecían. Para los agricultores de África occidental no es extraño plantar dos o tres veces al comenzar las lluvias y variar la mezcla de cultivos en cada oportunidad, llegando incluso a arrancar las plantas de vivero cuando es evidente que no son apropiadas para las precipitaciones observadas. Asimismo, se puede manejar la disponibilidad de agua durante la temporada mediante la reestructuración del patrón de surcos y semilleros y a través del riego manual.

Por consiguiente, los pequeños agricultores siguen estrategias dinámicas con respecto a las precipitaciones, a diferencia de las estrategias únicas, en que una predicción previa a la etapa de cultivo determina una serie de decisiones.

Este modelo, con algunas adaptaciones, también puede aplicarse a los pastores nómadas: los productores de ganado nómadas han desarrollado elaboradas redes de información para obtener un acceso oportuno a pastizales y agua, y cambian sus estrategias constantemente durante el período de precipitaciones. Los pastores nómadas tienen menos medios para contrarrestar los fenómenos climáticos desfavorables (por ejemplo, no pueden cambiar la raza del ganado a tiempo para la temporada de crianza de la forma en que los productores de cultivos pueden cambiar las semillas), pero a su vez realizan una menor inversión en un lugar específico. La Figura 1 muestra una representación esquemática de esta comparación.

Figura 1. Representación esquemática del contraste entre la estrategia única y los enfoques dinámicos


Este tipo de enfoque refleja típicamente la escala de las empresas: mientras más grande es la empresa, mayor es el costo de realizar cambios en las estrategias a medida que la temporada avanza. Por consiguiente, el valor económico de un pronóstico adecuado es proporcionalmente mayor para las empresas de gran dimensión. Además, estas empresas cuentan con mayores reservas de efectivo para sobrellevar los años en que el pronóstico es inexacto.

También sucede lo contrario: si el pronóstico es inexacto y un agricultor de pequeña escala realiza grandes inversiones en un resultado equivocado, los costos totales para la empresa familiar también son mayores. Las consecuencias, como la ayuda alimentaria y la migración de la mano de obra observadas durante las sequías del sur de África a comienzos de la década de 1990, pueden ser particularmente graves si los hogares confían demasiado en el pronóstico de un "buen año" e invierten mucho en adquirir insumos y variedades de cultivo que requieren fertilizantes.

Evidentemente, la posibilidad de que los agricultores hagan estas elecciones en diferentes lugares de las regiones semiáridas de África no es algo que se dé al azar, sino que está determinada por las políticas nacionales y las preferencias culturales. Históricamente, en el este y sur de África, una cantidad limitada de empresas proveedoras de semillas ha dominado las ventas comerciales en las áreas de agricultura de secano. Éstas han reforzado la tendencia existente contra los cereales básicos y han presionado por políticas que prohíban las variedades de maíz de polinización libre. Al mismo tiempo, el sector privado se ha vuelto relativamente eficiente en la entrega de insumos en las áreas rurales. Este tipo de estrategias con alto uso de insumos pueden resultar lógicas a nivel de las granjas y ser aceptables en un contexto más amplio, siempre y cuando los agricultores puedan cubrir el riesgo de los malos años por medio de un seguro para sus cultivos. En las regiones en que esto resulta imposible y los agricultores deben depender de la ayuda alimentaria, parte del costo de las decisiones equivocadas se transfiere al estado, aunque evidentemente en los lugares donde se recibe ayuda alimentaria por parte de los donantes, con un costo de oportunidad nulo, el costo a nivel nacional puede ser insignificante.

Esto nos lleva a dos conclusiones: mientras más dinámicas sean las estrategias de los agricultores, menos valor tiene el pronóstico estacional en su forma actual, y mientras más pequeña sea la empresa, más debe adoptar estrategias opuestas al riesgo. En aquellos lugares donde los agricultores de pequeña escala adoptan estrategias únicas, los pronósticos inexactos tienen mayores consecuencias negativas. Por lo tanto, los pronósticos que se divulgan en la actualidad no se adaptan a la forma en que realmente cultivan los agricultores en la mayor parte de África. La pregunta es ¿existen aspectos de las estrategias ya existentes de los agricultores que puedan combinarse con el nuevo tipo de datos disponibles?

"Las investigaciones que tratan cuestiones formuladas por la climatología no necesariamente son útiles para aquellos que se ven afectados por el clima. Un pronóstico climático es útil para un receptor determinado sólo si es lo suficientemente calificado, oportuno y relevante para las acciones que el receptor puede tomar para mejorar los resultados" (Stern y Easterling, 1999: 37).

Ubicación de los individuos en el espacio del usuario

La utilidad de los pronósticos depende en gran medida de las características de los usuarios, el lugar que ocupan en el espacio del usuario. En la actualidad, los resultados difundidos han tendido a centrarse en una dicotomía demasiado simplificada entre agricultores comerciales de gran escala y agricultores de subsistencia de pequeña escala. Los primeros estudios del impacto que ejercen los pronósticos en los usuarios sugieren que se requiere un perfil del usuario más completo para que los pronósticos sean aceptados por los administradores de empresas agrícolas. En la Figura 3 se muestran algunos de los parámetros clave que se han identificado.

Figura 2. Parámetros utilizados para evaluar a los individuos en el espacio del usuario

Esta complejidad implica que habrá que mejorar bastante el proceso de intermediación entre los fabricantes de productos técnicos, el Servicio Meteorológico y los FPR, y los consumidores, agricultores y pastores nómadas. En las economías desarrolladas donde existe una alta dependencia en el clima, como en los Estados Unidos, se ha desarrollado un gran sector privado que provee estos servicios. Es probable que en las economías menos desarrolladas se requieran soluciones más innovadoras, que involucren asociaciones entre el sector público y privado, puesto que en ellas aún se debe probar el valor de los pronósticos estacionales y los consumidores tienen una menor capacidad para pagar este servicio.

Cómo llegar a los agricultores

En los casos en que el gobierno o sus intermediarios tenían un mensaje confiable para los productores de cultivo y ganado, el problema de la extensión agrícola a menudo era efectivo dentro de un ámbito limitado. Incluso en la actualidad, si un cultivo comercial como el tabaco es comprado por una empresa sólida, las relaciones entre los pequeños agricultores y el suministro de insumos suelen estar bien organizadas. Sin embargo, mejorar la producción y comercialización de los productos básicos a través de la motivación de los servicios gubernamentales sólo ha tenido una efectividad limitada. Los pronósticos estacionales para pequeños agricultores con cultivos múltiples son un bien público que no será adquirido por el sector privado, pero que presenta un mensaje relativamente complejo que generalmente es incomprensible o ignorado por los servicios de extensión.

En esta situación, parece muy poco probable que los agentes de extensión sean capaces de presentar predicciones probabilísticas en una forma que sea útil para los agricultores. Esto ha sido reconocido tácitamente, al menos en el sur de África, donde el gobierno ha utilizado como canales alternativos la radio, la televisión e incluso Internet. En la actualidad, esta estrategia recién se está implementando, sin ninguna supervisión sistemática de las necesidades de los usuarios ni del impacto de los diferentes estilos de presentación. Sin embargo, utiliza los sistemas de información ya existentes de los agricultores, un recurso a menudo ignorado en África. Los agricultores y los pastores nómadas son recopiladores activos de información acerca de variedades de cultivos, suministros de insumos, precipitaciones y actividad gubernamental, y también muy expertos en integrar esta información en sus estrategias de producción. Por esta razón, la compleja ruta de interpretar información, recomendar estrategias agrícolas y comunicarlas a través de los agentes de extensión puede ser, en gran medida, una pérdida de tiempo. Quizás sea más efectivo transmitir directamente los datos en bruto y desarrollar sistemas de retroalimentación rápida entre los usuarios y los productores. La existencia de canales múltiples y la velocidad con la cual se asimila la información hacen que a menudo sea difícil detectar la forma en que los usuarios obtienen información específica. Como consecuencia de ello, será importante desarrollar grupos de atención en diversas comunidades de usuarios para medir el impacto de estrategias de difusión determinadas.

Otro aspecto del debate sobre la extensión y difusión se refiere al aumento de la confianza entre los productores y el gobierno. Con frecuencia se considera que los agentes desconocen la realidad de la vida agrícola y que recomiendan niveles de insumo superiores a los que pueden adquirir los agricultores e insisten en cronogramas rígidos que no consideran la variabilidad climática. Es probable que la difusión de pronósticos en un vacío como este sólo refuerce los bajos niveles de confianza que existen.

¿Qué pasará a futuro?

Indudablemente, durante los próximos años se observará un rápido avance técnico en la evolución de los modelos MCG y una mayor confiabilidad de los pronósticos estacionales. También es probable que las agencias que los producen los sobrevendan masivamente, especialmente en regiones del mundo en que la señal es más débil que el ENOS, como en África occidental. Por esta razón, es fundamental tener precaución al invertir en este tipo de servicios. Las agencias utilizarán cada vez más los canales múltiples, como la televisión satelital e Internet, para prescindir de la intervención de los gobiernos nacionales. Esto será fundamental para desarrollar la capacidad de filtrar, resumir y volver a difundir la información de manera más fidedigna.

La tecnología de las comunicaciones también está orientando a los servicios meteorológicos hacia otra dirección, el suministro de información "casi en tiempo real" o "pronóstico meteorológico actual". A medida que los sistemas de registro se conecten de manera más directa con las unidades de análisis centrales y los agricultores puedan consultar páginas Web, será posible actualizar constantemente la información. Los boletines de pronóstico de precipitaciones para diez días son una realidad en algunos lugares del sur de África y aumentará la presión para obtener mayor rapidez y claridad. Los pastores nómadas de las regiones semiáridas de África siempre han tenido esos sistemas de información en tiempo real al combinar la información de los mercados; la revolución de las telecomunicaciones puede ayudarnos a imitar estos sistemas.

 

REFERENCIAS

Blench, R.M. y Marriage, Z. (1998), "Climatic uncertainty and natural resource policy: what should the role of government be?" Natural Resource Perspectives, No. 31. Londres: Overseas Development Institute. Consulte www.odi.org.uk/nrp/31.html.

Delecluse, O., Davey, M.K., Kitamura, Y., Philander, S.G.H., Suarez, M. y Bengettson, L. (1998), "Coupled general circulation modelling of the tropical Pacific", Journal of Geophysical Research, C7: 14,357-14,373.

Hurrell, J.W. y van Loon, H. (1997), "Decadal variations in climate associated with the North Atlantic Oscillation", Climatic change, 36: 301-336.

NOAA/USDC (1999), "An experiment in the application of climate forecasts: NOAA-OGP activities related to the 1997-8 El Niño event". Washington, DC: University Corporation for Atmospheric Research.

Pepin, N.(1996), "Indigenous knowledge concerning weather. The example of Lesotho", Weather, 51 (7): 343-348.

Stern, P.C. y Easterling, W.E. (eds) (1999), "Making climate forecasts matter". Washington, DC: National Academy Press.

Nota

1 Estas ideas fueron discutidas en el taller "Respuestas de los usuarios a los pronósticos climáticos estacionales en el sur de África" [User Responses to Seasonal Climate Forecasts in southern Africa], realizado en Dar es Salaam, Tanzania, el 10 y 11 de septiembre de 1999. Este taller, financiado por el Banco Mundial, reunió a investigadores que trabajan en diversos aspectos de las respuestas de los usuarios. Los participantes en el taller CICERO fueron: Anna Bartman, Roger Blench, Louise Bohn, Ben Hochobeb, Tharsis Hyera, Amin Bakari Iddi, Nganga Kihupi, Robert Kingakomo, Maynard Lugenja, Lars Otto Naess, Karen O. Brien, Jennifer Phillips, Winifrida Rwamugira, Anne Thomson y Coleen Vogel. Se puede obtener un resumen de este taller en http://www.cicero.uio.no/Research/Projects/1999/user_responses.html.

 

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